sábado, 20 de septiembre de 2014

Luces y Contraluces de la Salida Extraordinaria de La Paz


Fue diferente, pero extremadamente hermoso. Quizás la hora de salida no fue la más adecuada, teniendo en cuenta la cercanía de la Parroquia con el lugar de celebración del Pontifical. No era la una del mediodía de una tarde primaveral, sino las cuatro de la tarde de pleno periodo estival. 

Desde momentos antes, las calles aledañas del Porvenir se animaban de personas que acudían hasta el que era, ese día, el centro de atención del mundo cofrade de Sevilla y alrededores. Pero todo era distinto, no era Domingo de Ramos: no había nazarenos; no acudían los sevillanos con chaqueta y corbata de estreno, sino con ropa "ligerita" que aliviara las extremas temperaturas que azotaban la ciudad a esa hora, pese a lo cual, a no estrenar mucho, a nadie se le calleron las manos, pues no era Domingo de Ramos; la arboleda de aquella calle que, sin ser un río ni ser de plata baña de colorido al barrio, no estaba adornada con tintes morados, sino por el color pálido que recae en los árboles en esta época del año (si Zoido no ha cortado los árboles previamente); sonó Virgen de la Paz, pero no había sonado previamente "Ntro. Padre Jesús de la Victoria"; sonaba banda de música, pero no había sonado previamente agrupación musical; los allí congregados estaban ilusionados por recrearse en la Paz hecha palio, pero era una ilusón diferente, menos intensa a esa que tiene un sevillano uno Domingo de Ramos en ese mismo enclave, cuando al ver pasar la dolorosa de Illanes sabe que le queda por delante toda una Semana Santa, y apura los últimos instantes para confeccionarse el "planing" de tan señalado día en el calendario.
Fue diferente, pero extremadamente hermoso. La Virgen paseaba radiante, más reina que nunca, guapa porque lo es, y triunfal en su paso de palio. Sin embargo, hubo momentos en los que la procesión extraordinaria, lo que menos parecía era eso, extraordinaria: un movimiento de palio que ya está suscitando demasiadas críticas en el mundo cofrade por el poco movimiento que despiertan sus varales y bambalinas, un repertorio que a veces sonaba poco apropiado para una procesión extraordinaria, y en otras ocasiones ofrecía sensanción de repetitivo (hasta en cuatro ocasiones llegué a escuchar aquélla marcha dedicada a la Virgen de las Mercedes que aún redunda en mi cabeza). 

¿Y el barrio? Podemos decir de este hermoso y encantandor barrio que quiere con locura a su virgen y que pierde el "sentío" por los titulares de la hermandad que radica entre sus casas, pero lo que considero que no se puede mantener en pie es que el barrio "se volcó" con la procesión extraordinaria adornando las calles.
Esta afirmación, escuchada a periodistas a los que les prima, por encima de todo, el "quedar bien" con todo el mundo, es cuanto menos, discutible. Salvo algunas colgaduras salteadas por alguna que otra calle, la única calle adornada con esmero para la ocasión fue la que lleva el nombre de la Virgen de la Paz, la cual fue precisamente engalanda para la ocasión por el grupo joven de la hermandad, lo cual aplaudo fuertemente por el interés y dedicadeza que mostraron, aunque no le faltaron las críticas de aquellos que consideran una procesión extraordinaria como una estación de penitencia más. Conste que un servidor no es favorable a que ahora se imite la moda de Cantillana, pero faltaron meras colgaduras en los balcones. Que hay quein considera una extraordinaria como una estaciónde penitencia más me quedó acreditado cuando incluso desde un balcón, unos vecinos tuvieron que rogar insistentemente para que les parasen el paso a fin de cantar unas sevillanas que con muchísimo esmero habían preparado y que incluso fueron interrumpidas. "Las sevillanas para el Rocío y la feria" llegué a escuchar a alguien del público. Afirmación, cuanto menos, desafortunada para unos vecinos que, a buen seguro, llevaban semanas praparando ese momento tan especial e irrepetible para ellos. Tras escuchar esta expresión, llegué a reflexionar: si las sevillanas son para la feria, entonces las saetas como la que se le cantó en la entrada, ¿son para Semana Santa? ¿Y el sonido de la flauta para el tamboril del Rocío? ¿Y los pasos son para sacarlos también solo en Semana Santa? ¿Y las flores son para que crezcan en el campo y no para tirársela a los pasos? Nunca deberíamos de olvidar que una hermandad de barrio ha de tener un nexo incuestionable y de sintonía con sus vecinos, que le mostrarán su devoción a través de petaladas, cantes, etc., que en una procesión extraordinaria, y siempre desde la cordura, tienen cabida.

No obstante, como ya digo, por encima de toda opinión, de todo gusto sobre la forma de hacer las cosas, todo ello respetable, está ELLA, lo verdaderamente importante, la que no suscita opiniones porque la opinión es solo ELLA, que reinó sobre Sevilla y triunfó paseándose por unas calles que, si bien al inicio de la tarde no estaban muy concurridas, en la vuelta desde el parque eran una auténticia bulla en sí mismas, Sevilla entera estuvo con la Paz y demostró el especial cariño que todo el mundo, sea de la hermandad que sea, le tiene a esta preciosa dolorosa de tez morena, la primera en despertarnos el corazón cada Semana Santa. Y si triunfal fue la procesión, no menos podemos decir del Pontifical, al cual pudo acceder cualquier sevillano sin necesidad de pagar la cuota de la hermandad, lo cual es de aplaudirle a la hermandad, y que se celebró en un marco incomparable, al que esperemos que pueda volver pronto la Santísima Virgen de la Paz para que el sueño de ver este palio blanco entre la vegetación floreciente del parque, y pasear con Ella por los caminos de tierra, pueda volver a repetirse. Lus sueños, sueños son, pero a veces, se cumplen.

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