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| Inmaculada del Postigo del Aceite en besamanos |
Se fue. Quizás sin percibir que llegó. Fue la
continuación de una pesadilla que empezó un año atrás. “El año que viene será”,
fue la expresión más acuñada en el año 2011 cuando más de la mitad de las
hermandades se quedaban si realizar su salida procesional en la Semana Santa que más
tristemente se recuerda desde los años en que la República era la que
impedía hacer pública protestación de fe. Y se volvía a escuchar en el interior
de los templos: “el año que viene será”. Pero tampoco fue. Las nubes volvieron,
únicas no invitadas a la Semana Santa
de Sevilla, y aparecieron precisamente en los días en que nadie las esperaba. Y
casi perdimos la Esperanza. Casi.
Porque cuando nuestras ilusiones parecían desvanecerse en los charcos de agua
de una esquina, Ella apareció, era la Esperanza, aquélla que tanto nos comprende todos
los días de la vida, y que sabía, sin margen a equivocarse, que Sevilla no
resistiría dos años sin Esperanza, dos años sin verla. Y por eso salió. Abrió
los cielos y se puso en la calle. Sabía que en esta vida, en la que los
problemas nos ahogan, estábamos necesitados de ese aliento que lleva su nombre
como escudo. Salió a nuestro encuentro y allí estaba Sevilla, esperándola.
Pero
todo ello pasó. La
Resurrección puso el broche de oro a una Semana Santa, en la
que no sabemos si hubo pasión y muerte, pues casi no la vimos. Llegó el mes de
María, el mes por antonomasia de esta ciudad en cuyo título se identifica por
ser mariana. Sevilla, gloria de los cielos. Y como dice una sevillana, si
alguien te dice que es mentira, que le pregunten al Gran Poder, por qué vive en
Sevilla.
Su
fue el grisáceo cielo que cubría nuestra ciudad con la ceniza de una Semana
Santa a la que incineró sin darnos tiempo a disfrutarla. Se fue la sombra y
volvió la luz. Volvió el resplandor para dar la bienvenida a ese mes en el que
el protagonismo lo ocupa la
Madre del que murió en la cruz. Tiempo de Glorias. Las que
más brillan, y las que menos se recuerdan. Es tiempo de Glorias, de luz, de
color y de fiesta en Sevilla. Ello a pesar de que algunos se empeñen en
convertir a las Glorias en Pasión, con carteles que en vez de representar a
éstas, parecen hacer referencia a la borrasca de la semana grande, y con
traslados a la Catedral
ambientados con música de capilla y los “pitos del silencio”. Pese a ello,
Sevilla está ahí porque sabe lo que significa. La Sevilla de a pié, esa por
y para la que se hace la ciudad y sus manifestaciones religiosas. Aquélla que
siente a lo que acude, aunque en ocasiones se haga parecer que los actos se
celebran para que acudan solo representaciones, políticos y autoridades.
Son
el origen de gran parte de nuestra ciudad. Tal vez, sin su intercesión, no
hubiera sido posible llegar a la Semana
Grande. Sin embargo, pocos se acuerdan de ellas. Quizás porque no suelen andar hacia detrás.
Quizás porque no le tocan marchas flamencas. Quizás porque no están de “moda”.
Quizás, o incluso podría asegurarlo, que cuando llega el mes de María, solo los
verdaderos cofrades se acuerdan de ellas, solo esa “familia” que, Gloria tras
Gloria, nunca dejan sola a esta manifestación de fe, devoción y alegría de la
ciudad. Aquí ya hay devotos, los “tontos de capirote” desaparecen; esos a los
que les entra la “calentura cofrade” el Miércoles de Ceniza, se organizan ya
otro tipo de eventos hasta que en las calles no vuelvan a aparecer mudás y
olores a incienso.
En
Sevilla las Glorias son Santas, es Alegría, Salud, Pastoras, Reyes, Rosarios,
Cabeza, Sagrado Corazón, Carmen, Divina Enfermera, Encarnación… Las Glorias son
de todos y para todos. Pero, para qué vamos a engañarnos…las Glorias están
echas por y para los “jartibles". Esa familia que nunca se cansa de
procesiones, de bandas, y de cera derramada incluso con el calor de agosto.
Esos “jartibles” que se hacen su calendario en base a las Glorias que
conquistan la ciudad cada fin de semana. Esos, sin los cuales, quizás estas
cofradías se verían bastante desiertas en muchos momentos. Esos que ayudan a
dar ese impulso que muchas hermandades, carentes de recursos, necesitan para
poder salir anualmente a la calle. Son, y somos, “jartibles", por eso en
verano visitamos nuestras playas en función de las extraordinarias que se dan
en la costa en los meses veraniegos. Porque para los “jartibles", ese día
15 de Agosto, que para la mayoría es de descanso, para ellos es uno de los días
más agobiantes del año: muchas procesiones y poco tiempo.
“Jartibles”,
aprovechen las Glorias que son por y para nosotros, por y para la ciudad. Las
Glorias son Sevilla y Sevilla son sus Glorias.
Comentarios
post-Semana Santa:
-
Escuchado en la Plaza de San Francisco:
“Quillo, qué cosa más rara, he fotografiado a la Canina y me ha salido con
los ojos cerrados”.
-
Escuchado en el Barrio León
en Mayo: “Perdone, ¿sabe usted si ha terminado ya el traslado de San Gonzalo?”
-
Escuchado en la Basílica del Cachorro: “Si,si…aquí ya nos lo
tomamos como algo normal, incluso lloramos cuando la cofradía sale a la calle”.
-
Escuchado en el Centro:
“Pocas Glorias me pierdo, y en menos todavía veo a un Pregonero de las mismas.
No aparecen por ninguna”.
-
Escuchado en La Palmera: “Iyo que sí, que
por lo visto Negredo tenía síndrome post-Semana Santa, por eso hizo esa levantá
en la barrera cuando Beñat lanzó la falta”.

Estimado colega, me alegra enormemente el hecho de que e haya dedicado una entrada a las Glorias, una joya de la Sevilla rancia y eterna, y que por mucho tiempo lo sigan siendo.
ResponderEliminarPor desgracia, no puedo decir que coincida con usted en el tema del acompañamiento musical de Santa Lucía, a mí no me pareció mal la elección de música de capilla, eso sí, quisiera apuntar que desconozco el repertorio musical utilizado para la ocasión, de lo que dependería el que coincidiera o no con su postura, pero no general, no me parece mal, digo, la elección de música de capilla, la cual actualmente, en el ámbito cofrade sevillano, se la relaciona exclusivamente con semana santa y austeridad, pero eso no tiene porqué ser así, y de hecho no lo es, la música de capilla puede ser igual de alegre que una banda de música, y, francamente, me alegra que hayan decidido elegir música de capilla en lugar de, por ejemplo, un coro de campanilleros, me parece que Santa Lucía ha demostrado una clase y elegancia bastante acertadas.
PD. Como digo, desconozco el repertorio interpretado, lo cuál podría hacer que, aunque en general considere acertada la elección, al final me viera obligado a cambiar de opinión y darle la razón a usted.
Amigo, eh aquí el "kit" de la cuestión.
EliminarLlevas razón en todo lo que dice, porque creo que es el Corpus de San Isidoro el que lleva capilla musical pero con unas marchas alegres dignas para la ocasión. Pero en este caso, fueron totalmente fúnebres, no te puedo decir los nombres pero similares a los "pitos del silencio".
Claro que tiene elegancia una capilla musical y un coro o escolanía y más por esas calles estrechas. Pero lo que falló fue el repertorio.