jueves, 8 de marzo de 2012

"CUARESMA: AÑORANZA Y TONTO DE CAPIROTE"

Típica imagen de Cuaresma. La Estrella en el traslado de regreso con la Oliva de Salteras.
     Cuando las abuelas buscan en la despensa esos tarros de miel con la imagen de la Virgen del Carmen. Cuando llega ese día en el que ya no falta en la encimera el plato con las torrijas. Cuando el sacerdote nos recuerda que polvo somos y en polvo nos convertiremos. Cuando las camareras se afanan en vestir a sus dolorosas de la forma más bella y menos lujosa posible. Cuando la corona de oro deja paso al aro de estrellas plateadas. Cuando diariamente escuchas a las 22.00 horas la sintonía de “El Llamador”. Cuando la túnica permanece durante semanas aireándose tras dos años sin vestirla. Cuando los naranjos se engalanan de flor y fragancia de azahar para recibir la primavera. Es entonces cuando comienzas a percibir que antes de que te des cuenta, la ilusión se habrá transformado en añoranza.

    El rancio se comporta como tal durante todo un año, pero cuando llega estas fechas sufre la última transformación. El rancio adquiere todo tipo de profesiones. Es meteorólogo desde antes de un mes del Domingo de Ramos, e intenta que sus otros compañeros meteorólogos sean más bien adivinos, con preguntas tales como: ¿A qué hora va a llover? ¿Cuándo va a dejar de llover? ¿En qué calle va a llover? ¿Va a llover mucho?; en estos días, todo el mundo entiende de meteorología. El rancio también es adicto al callejero, se traza cada domingo el itinerario perfecto para “no dejarse un besamanos atrás” o no perderse ninguno de los tres traslados que coinciden a la misma hora, pues en algún momento sueñan con ser el mismísimo Dios, para poder estar en todas partes. El rancio también es vestidor, opina y critica sobre lo bien o lo mal que está vestida cada dolorosa con los atuendos de hebrea; aunque quizás esta profesión crítica pueden que la desarrollen incluso durante el resto del año. El rancio también es músico, prioste, florista, etc., pero siempre desde el respeto. El rancio se comporta como tal todo el año entero y no solo ahora, aunque en estas fechas lo haga con más intensidad.

    No confundamos pues, su figura, con la del nacido el mismo miércoles de ceniza, la del tonto de capirote. Es el típico “capillita” que se convierte en tal el mencionado día y se deshace del adjetivo el domingo de resurrección. El resto del año no acude a una procesión de gloria, ni a un concierto, ni a un altar de culto ni tan siquiera a una Iglesia, a no ser que se case su prima. Pero cuando llega estas fechas el chiquillo es el que más entiende de Semana Santa, es el “tío” más cofrade del mundo, el que más sabe sobre todo (flores, costaleros, música, altares, etc), el que más pasos saca, el que el resto del año no se ha acordado que existe Dios y su madre, pero que ahora acude hasta al traslado de los ciriales liados en plásticos desde la casa hermandad a la Iglesia, siempre con el pin de su tan querida hermandad aunque no aparezca por ella nunca. En definitiva, es un tonto de capirote y que no es muy complicado de identificar, y acude allí donde más fuerte y flamenca suene la corneta…en pocas entradas en silencio lo verás, pues el chiquillo si no dice ¡ole! después del solo de corneta no se queda tranquilo. Y fíjense si es cofrade el tonto de capirote que el Domingo de Pasión es el típico que se suele ir a la puerta del Pregón aunque no tenga ni entrada, pero se le  tiene que ver,  y después se va a visitar cuanto más iglesias mejor, tiene que recuperar todas las Iglesias que no ha visitado el resto del año. Todos los días pone incienso en su casa, ha de gastar el incienso que compró el año pasado.

    Es este, sin duda, uno de esos momentos en los que una persona cofrade por derecho se da cuenta de que un año ha transcurrido, con todas sus consecuencias. Uno de esos momentos en los que se da el extraño fenómeno de que antes de empezar comienza a acabarse, qué razón tenemos aquellos que el propio miércoles de ceniza decimos eso de “esto se está acabando”, puede que tengamos hasta razón, aunque seamos demasiados “jartibles”. Siempre la misma estampa, año tras año. Siempre la misma hermandad en el mismo sitio. Siempre suena Rocío con La Paz en el Postigo. Siempre se escucha el mismo crujir de la madera del paso de Cristo de Burgos. Siempre vuelven los nazarenos al escaparate de La Campana. Siempre habrá niños jugando en la rampa del salvador. Siempre verás esa subida al paso el Domingo de Pasión. Siempre mantiene “su tipito” la Canina y siempre nos sorprende. Siempre brota el azahar. Siempre empieza. Y siempre acaba.

      Pero aun siendo igual, siempre será diferente, los niños de la rampa serán otros, tú habrás crecido y recordarás aquello con añoranza. Momentos en los que como si de una proyección de diapositivas se tratase, se proyectan en tu memoria imágenes del año que se acaba de marchar ante la nueva Semana Santa, muchas cosas habrán cambiado, unos problemas se habrán ido  y quizás otros mucho más densos habrán aparecido. Siempre llega la Cuaresma para aliviar el dolor, para percatarnos y hacernos ver a ese hombre que va con la cruz al hombro, que no somos los únicos que soportamos una cruz en el hombro y en el corazón día a día. Un suspiro entre tantos problemas. La Cuaresma no borra, pero no sabemos lo que tiene, que durante esos días quizás lo haga todo un poco más llevadero. La Cuaresma seguirá igual, continuará siendo la misma, pero tú habrás cambiado y quizás muchas cosas sean diferentes. Unos ya no estarán y otros nuevos habrán venido. Lo cierto es que pasa un siglo y viene otro, pero Ella siempre se queda. Un suspiro entre la agonía diaria. Un sueño entre tanta pesadilla.
      El mundo es ancho y difuso, la vida…una semana.

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