jueves, 1 de septiembre de 2011

“La rumbita, el niño “Giorgi”, el “palomo” y otras modas anti-rancias”


            ¿Que la Semana Santa se ha quedado parada en los tiempos de antaño? ¿Que las cofradías son cosas de rancios? ¿Que los cofrades no están a la moda? Cuan grande es la ignorancia de esos pobres anti-capillitas que se arrían en tan magnos equívocos.
            El que verdaderamente conoce el mundo capillita o “fatiga”, como me tomo la licencia de denominarnos, sabe que eso es algo tan poco cierto como decir que La Canina no tiene devoción en Sevilla y fuera de sus fronteras.
            Con la venia de todos vosotros, lectores fatiguitas, vamos a comprobar cuanto de cierto hay en lo afirmado más arriba. Y es que la moda llega a casi todos los componentes de una estación de penitencia, y que hacen diferenciarla mucho de la Semana Santa que podríamos haber disfrutado en tiempos anteriores.
            En primer lugar, las bandas de música. No podríamos dejar pasar estos colectivos, y es que la moda llega a los mismos de una manera imparable. Tal es así que incluso se denominan con el calificativo de “clásicas” a marchas que no tienen más allá de una década, pero no es menos cierto que las marchas de hoy día tienen tintes de todos los colores. Nuestros oídos  perciben desde sonidos hasta ruidos. Desde marchas que parecen una rumba hasta otras con tintes de villancico. Doy fe de ello. No se extrañen ustedes, señores fatigas, si cualquier día veis procesionar el banderín de una banda tuneado con luces de neón… ¡hay rumores! Estas modas son, como todas, de temporada: el año que se estrena, suena un móvil en una bulla de cangrejeros y todo el mundo se mira su bolsillo; la cuaresma siguiente, nadie la recuerda.
            En segundo lugar, los que un servidor denomina “los niños Giorgi” (para los rancios de pura raza, Giorgi es una gomina que se ponen los niños de hoy en día, como dirían nuestros mayores). Y es que dicho producto parece un requisito que se refleje en la papeleta de sitio de los acólitos, un producto que lleven los monaguillos en sus cestitas. Estos componentes de la cofradía tienen todos el rasgo identificador de que más que pelo, parecen llevar una peluca que no se quitasen ni para dormir en toda la Semana Grande. Por ello, “niños Giorgi”, este complemento tan cofrade lo pueden encontrar ustedes en las tiendas de nazarenos, junto a los capirotes de rejilla regulable; hasta aquí llega la moda, ya no son los capirotes de cartón, sino de rejilla y regulables, para que el nazarenito no sufra en una estación que, no olvidemos, es de penitencia.
            En tercer lugar, el nazarenito. Y es que la moda en este componente de la cofradía no se queda solo en el mencionado capirote de rejilla regulable, sino que va más allá. Hasta hace pocas Semanas Santas, la tradición de todos, para qué nos vamos a engañar, era dar en la estación de penitencia los caramelos que se recogían el día de Reyes. Ahora no…ahora no encontrarás un niño diciendo aquello de “nazareno dame un caramelo…”; ahora directamente sueltan eso que parece traer incluso aprendido desde casa: “nazareno, ¿tienes estampitas, medallitas,…o caramelos? Y ya dejaremos para otra chicotá el nazareno que todos hemos visto que se presenta para hace la estación de penitencia con las botas de Cristiano Ronaldo…hijo mío al menos ponte las Gordillo.
          En cuarto lugar, e incluso casi en el último tramo, nos encontramos a los costaleros. Y es que eso de que a los costaleros no se les ve, cada vez se lleva menos. Lo mejor es casi formar parte del último tramo, que se vea bien que soy costalero, aunque después no coja peso ninguno… Este es el punto culmen de la moda. Aquí ya, señores fatigas, nos encontramos de todo…si, si…de todo.
          Si le damos un “repaso” a tan curiosa figura, les aseguro que no tiene desperdicio. Las zapatillas suelen respetarlas casi todos, aunque algunos pueden presentarse a la igualá incluso con algo de tacón, de ahí que no es de extrañar que cualquier año se cuele debajo del paso un tacón de charol.
          Los pantalones bien remangados, para que se vean los buenos gemelos que “ha criado” durante todo el año en el gimnasio. En cuanto a la camiseta enseñando pecho, no es de lo peor que se ve, pero por favor, no den ideas.
         El punto culmen del costalerito llega en el costal. Tanto es así, que incluso se ha ganado la denominación de “palomo” debido a esta indumentaria. El costal es viva moda en cada estación de penitencia. Parece ser que el costal blanco es cosa solo de rancios; el costal tiene que ser de rayas, o en su defecto de un color vivo, que llame la atención del mismísimo Giraldillo, incluyendo colores que más que un costal parece que van a lidiar un toro en La Maestranza. ¡!Penoso!! De ahí que algunas marcas comerciales se estén planteando para la próxima Semana Santa incluir en sus colecciones Costales de Dolge&Gabbana o incluso de Christian Dior, por lo que señores costaleros (por llamarlos de alguna forma), el próximo costal se lo compran ustedes en el Bershka, que verán lo chulos que van a ir por mitad de los tramos. En Cibeles 2011-2012 podrán ver ustedes las tendencias para la próxima Semana Santa.
           Pero la cosa no queda ahí…faltaría más. El costal hay que saber ponérselo, para lo cual es imprescindible colocarlo de forma tal que te tapen los ojos al 90%, para poder ir por medio del tramo con la cabeza hacia atrás, indispensable para no chocarte con el cirial y provocar un altercado con algunos que otros “efectos especiales”.
           Respeten, señores “palomos”, lo que llevan sobre sus hombros, no salir a “chulear”, pues para eso tenéis otros ambientes que actualmente están más de moda que nunca. Sean conscientes de lo que están haciendo, y de que vuestra función no es que se les vea bien. Por si no eran conscientes, estudios han demostrado que Jesucristo no cargó con su cruz tal y como lo conocemos en las iconografías de Semana Santa, sino que solo cargó con el “patibulum”, el palo horizontal que forma la cruz. ¿Saben lo que quiere ello decir? Jesucristo fue el primer costalero: tomen ejemplo y respeten lo que llevan sobre sus costales cada Semana Santa.

¡Oído!: se ha visto a un conductor en la SE-30 con el chaleco reflectante como costal…

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