lunes, 12 de septiembre de 2011

“EL DÍA MÁS GRANDE DEL AÑO"

Una cúpula y numerosos arcos cobijan a la Pastora y a los rancios que la esperan en la calle Martín Rey
            Un año más, allá cuando “las calores” dudan si dejar paso a las bajas temperaturas, en ese tiempo en que el rancio buscan ansioso el regreso de esas Glorias que le desposeen del “mono” de Semana Santa el resto del año, se produce la Natividad de la Virgen María y, como ya dijimos en un artículo anterior, también la del rancio.
            En esta ocasión la familia rancia, esos “hartibles” que siempre se encuentran delante de la Gloria de cada fin de semana, se encontraba esparcida por distintos pueblos. Hasta una veintena de poblaciones celebraban procesiones de Gloria en sus calles, y cada “fatiga” se hacía su planing con sus preferencias o simplemente con los pueblos a los que aún no ha acudido: Coria del Río, La Puebla del Río, Villaverde, Écija, Espartinas, Guillena, Mairena del Alcor… Numerosas son las advocaciones que en dichos núcleos urbanos se venera en tal señalado día en el almanaque del rancio: Virgen de la Estrella, Granada, Aguas Santas, Valle, Loreto, Granada, Remedios…
            Pero sin duda, una de las más conocidas y de las más multitudinarias es Cantillana y su Pastora. Si su población es de unos diez mil habitantes, algo ocurre el octavo día de septiembre: o el pueblo entero sale a las calles, o muchos sevillanos de otras poblaciones se acercan dicha jornada…o incluso se dan ambas posibilidades a la vez. Esto último, sin duda, es lo que podemos constatar como más probable, cuanto más teniendo en cuenta el “pique” que por todos es conocido en Cantillana entre la Pastora y la Asunción, siendo el día grande de esta última el quince agosto, uno de los tres días más rancios del año, días en los que los hermanos y devotos de la otra hermandad, incluso se piensan si salir a la calle o abrir sus puertas.
La Pastora de Cantillana el 8 de Septiembre
            Este rancio, se encontraba allí como siempre ocurre desde hace ya varios años. Empieza a ver rostros conocidos. Son los de siempre. Somos la familia que nos movemos de un lado a otro en busca de aquello que más nos entusiasma. El pueblo entero aguarda adornado, no hace falta que pase la Pastora por una determinada calle para que esté iluminada y engalanada a más no poder.
            El rancio se sitúa donde siempre, porque a este “personaje” no le gusta cambiar el lugar para ver un paso, incluso de Gloria. El sitio no es nada malo, incluso puede que el mejor…debajo de la cúpula de la calle Martín Rey. En esta calle la Asunción llega a los cielos en el mes de Agosto y la Pastora reúne a su “rebaño” de fieles cada septiembre. La calle es una Gloria en sí misma. Numerosos arcos con frases y lemas dedicados a la Virgen engalanan la calle. En el ecuador de la misma, una cúpula de tonos blancos preside las alturas de esta vía. A falta de media hora para que llegue la Pastora, no cabe un alfiler.
            El paso va en solitario, solo una banda abre paso metros antes de que llegue la Virgen…no hay cruz parroquial, ni cortejo, ni siquiera ciriales…ni falta que hace, incluso sería complicado mantenerlo debido al gran número de fieles que se agolpan. Al llegar a la citada calle proveniente de Castelar, los arcos y la cúpula que nos cobijan se apagan: solo hay luz para alumbrarla a Ella. Hasta llegar al citado ecuador de la vía, la Pastora avanza entre fuegos artificiales que no cesan. Alcanzado este punto, un sacerdote se sube al paso, reza la oración y le quita el sombrero a la Pastora. Una lluvia de pétalos, cae incesante sobre la Virgen mientras que se sueltan palomas desde los balcones, cohetes encienden el cielo y la calle se vuelve a iluminar en su plenitud. El rancio se queda boquiabierto incluso esperándose eso que pasa año tras año. Multitud de fieles “cangrejean” delante del paso, se suceden los piropos, se alzan las manos de los cantillaneros con su camisa y sus gemelos y comienzan los “vivas”: ¡Viva la Pastora de Cantillana!, ¡Viva la Divina Pastora!, ¡Viva el día más grande del año!, ¡Viva el ocho de septiembre!, ¡Bendita la hora en que te crearon!... Una “bulla” de esas que nos gustan a los “hartibles” se hace presente delante del paso…la banda ha tenido que cruzar Martín Rey casi en fila india algún que otro año. El calor se hace presente en el ambiente pero al rancio por excelencia le es indiferente porque está aclimatado a ello...una bulla es su hábitat natural.
            Sin duda, año tras año, se repite la historia, se suceden los episodios de fervor del pueblo, pero año tras año el rancio se vuelve a quedar con la boca abierta, los bellos de punta y el corazón en un puño. El milagro se ha vuelto a producir. La Virgen ha vuelto a nacer y ¡qué manera de celebrarlo! ¡Qué amor de un pueblo por su Pastora! Una historia que solo sabe contarla y vivirla Cantillana, aunque ahora esté de moda en muchos casos ponerse delante de un paso de Gloria a gritar “vivas”…eso no se puede convertir en mero espectáculo, es algo que grita el devoto cuando su corazón siente que ha de expresarlo.
            El servidor sabe que lo que acaba de vivir y presenciar, de rancio tiene poco...si acaso los gemelos de los puños que se alzan en la bulla, pero por lo demás más bien nada de nada...pero como además de rancio es "hartible", este personaje está en "su salsa".
            Un año más el rancio se viene satisfecho de ver que la fe y el amor a la Virgen está más vivo que nunca…El año que viene quizás toque otro pueblo…hay que vivirlo todo.
            Lo que es indiscutible es que para los pastoreños de Cantillana este es el día más grande del año…para el resto de los rancios, cada uno tendremos nuestro particular “día grande” que brillará sobre el resto de jornadas.

1 comentario:

  1. Estimado colega, no podría estar más de acuerdo con el título que ha puesto.
    Yo, no entiendo mi año sin esa mañana del 8 de septiembre en la que, la Señora, la "Perla de las Villuercas", recorre las naves de su claustro por un recorrido limpiado y pulido por las rodillas de las promesas y mandas por favores cumplidos y, después, abandona por un momento su clausura de "Doncella y Monacal" para recorrer las naves de su basílica para ser admirada una vez más por sus devotos hijos.

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