jueves, 11 de agosto de 2011

LAS SILUETAS DE SEVILLA

A la izda. la Torre Norte de la Plaza de España. A la dcha. Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta

            Sevilla son sus siluetas. Y !qué benditas siluetas! Hay formas con las que nos identificamos cada día todos los sevillanos. Hay sombras que son nuestra vida.
            Hasta en pleno mes de agosto, cuando los más de cuarenta grados se posan sobre el mismísimo Giraldillo, hay una flor que lo resiste, con las que no puede ni una ola de calor ni un terremoto. Son las azucenas de la Giralda. Pasa un verano y pasa otro, pero ellas siempre están ahí, porque son las únicas flores de Sevilla (junto con las margaritas de la Esperanza) que no se riegan con agua, sino con fe, y por ello en esta bendita ciudad las azucenas siempre estarán vivas y florecidas. En Híspalis habrá crisis, habrá habido políticos que hayan acabado con muchas cosas, pero con la fe nadie puede. Podrán construirnos torres que en vez de a la fe llamen al dinero o "parasoles" que no dejen al cielo recrearse con Sevilla y a ésta recrearse con su Patrimonio, pero amigos rancios...¿vais a mirar estas "magnas construcciones o bochornos" (o estos magnos derroches de dinero) teniendo a su alrededor una Iglesia que esconde un Valle de Lágrimas o una Catedral que aloja a aquella por la que Reinan los Reyes?
            Es por ello que las siluetas de las torres que nos rodean son uno de nuestros símbolos de identidad. ¿Qué sevillano en los primeros años de colegio no ha dibujado, como buenamente ha podido, una Giralda?, mientras los demás niños de la clase dibujaban casitas con chimeneas. Y es que es tal nuestra identidad con torres como la  que preside Santa María de la Sede, las torres de la Plaza de España, los campanarios de cualquiera de nuestras iglesias o incluso la Torre del Oro, que yo pienso, amigos míos, que más de uno llevamos en el pecho la silueta de una Giralda que nos da vida y que sustituye al corazón del resto de los mortales.
            Y junto con las Torres e Iglesias de nuestra ciudad, qué sevillana es la silueta de un crucificado. Otra de las líneas que, sin duda, muchos pequeños rancios han trazado en el “cole” mientras sus compañeros dibujaban a Pokemon. ¡Qué benditas manos las de ese niño que, sin apenas saber ni coger el lápiz, intenta dibujar lo que el corazón le ordena! Esa es la cantera que le hace falta a un sueño que se llama Sevilla, una ilusión reconstruida en ciudad.
            En un atardecer, de los muchos que nos ofrece nuestra capital, contémplala, observa las siluetas de la ciudad que te ama, a esa hora en la cual solo queda una sombra o una figura oscura detrás de la cual parece esconderse el cielo…obsérvala, y a buen seguro que se te escapará una expresión: ¡Esto es Sevilla! Y no es que el sol se quiera esconder o morir detrás de las siluetas de esta urbe, yo más bien creo que, como si de un adolescente se tratase, siente vergüenza al ver una mujer tan guapa coronada por una veleta de fe.
            Cualquier línea que trace un rincón de nuestra ciudad, obsérvalo, porque es un trazo en tu vida y en tu corazón que te acompañará en tu memoria cuando llegue algún año en tu vida en que no puedas descubrir lo que hay dentro esa silueta, esos tiempos en los que la melancolía de lo vivido será tu mejor compañera.
            ¡No me lo discutas sevillano!, que la mejor recompensa y consuelo a la vuelta de las vacaciones es vislumbrar en la lejanía la silueta de esta bendito y magno hogar, ver esa forma de la Giralda y pensar que todo sigue igual, nada ha cambiado, porque la Sevilla que nos quiere siempre nos está esperando. Sevilla, amigos míos, es eterna.

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