domingo, 21 de agosto de 2011

"JUVENTUD SANA VS JUVENTUD INDIGNADA"

Un futuro rancio, en los hombros de su padre, viendo el Cautivo de Medinaceli

           Según Hermann Keyserling, filósofo alemán, “generalizar siempre es equivocarse”. Cuan grande es su razón al manifestar esto. Nos encontramos en un momento en el que desde hace ya algún tiempo se juzga a los jóvenes por lo que no son, por el bien que no hacen, por el mal que sí hacen, o por su poca productividad, entre otros apuntes más, algo que se ha intensificado con los últimos episodios de los que se hacen llamar indignados. Eso sí, siempre se hace generalizando. Según esos detractores de la juventud, ésta está corrompida, todos son iguales y no hay solución posible. ¡Qué ignorancia!
            Desde estas breves y humildes líneas, quiero dedicar mi particular homenaje a la “juventud sana” y mostrar mi total reproche hacia la “juventud indignada”.
            Hace ya algo más de tres meses que este colectivo de indignados se hizo ver y escuchar. Recuerdo que me encontraba aquella tarde, día quince del mes de María, en la Avenida de la Constitución de Sevilla. De sorpresa me encontré con esta manifestación discurriendo por las calles. No tenía conocimiento alguno de quienes eran. Eso sí, no parecían muy rancios, la verdad. No sabían quienes eran, ni falta que me hacía. Al llegar a la Catedral de esta bendita ciudad, las puertas se encontraban de par en par por una misa de acción de gracias por la beatificación de Juan Pablo II. Estos indignados, por llamarlos de alguna manera, no tuvieron otra que postrarse ante la puerta de San Miguel, y ponerse a gritar, silbar, abuchear… y todo lo que pudiera hacerse para interrumpir lo que en el interior de Santa María de la Sede se estuviera celebrando. Después de ver aquello, mejor tome otra calle para evitarlos. Desde esa misma tarde perdieron todos mis respetos.
            Desde entonces ha sido un no parar. Se nos informó mejor de lo que manifestaban y lo que pedían, algo en lo que ni ellos se ponen de acuerdo. Con esas ideas que manifestaban, casi se hicieron con la simpatía de muchos. ¡Claro está! Todo el mundo quiere democracia, nadie quiere políticos corruptos, muchos defienden las listas abiertas, etc. Pero así, no se hacen las cosas. Es más, con el tiempo muchos se habrán desengañado con este colectivo y habrán vaticinado que ¡ni ideales ni ocho cuartos!, que hay algo más, en lo que no vamos a entrar.
            El colofón, como se diría en nuestra tierra, “el colmo de los colmos”, ha tenido lugar con la visita de Benedicto XVI y la JMJ. ¿Y pedían respeto? Pero, ¿a qué respeto tienen derecho después de hacer lo que han hecho? Por poner algunos ejemplos, antes de la salida del palio de la Virgen de Regla hacia el altar, la policía tuvo que detener a varios que, como de costumbre ya, se dedicaron a insultar a los allí presentes y a mofarse de ellos, pero… ¡quién les hadado vela en este entierro! Al salir las hermandades de vuelta hacia sus templos en la siguiente Madrugada (que no Madrugá porque fue en Madrid y son mas “fisnos”) volvió a ocurrir más de lo mismo. Los pasos estuvieron parados más de media hora ante las amenazas que había en la puerta del Sol, el arzobispo de Sevilla y su auxiliar tuvieron que irse inmdiatamente a coger un taxi ante las recomendaciones de la policía. ¿Hay derecho a esto? Pero, ¿qué respeto van a pedir esta gente que no saben ni lo que es la educación?
            Una de sus protestas estos días iba dirigida al desembolso que ha supuesto la JMJ en tiempos de crisis. Algo que no solo los indignados, sino que muchos ignorantes más han alimentado el debate. Muchas de estos ignorantes, antes deberían de informarse y documentarse de dónde ha salido el dinero para pagar todo ello. Ha sido principalmente de las inscripciones de los jóvenes y de patrocinios de empresas. Sí, es verdad que se han multiplicado las fuerzas de seguridad, las horas de trabajo de muchos empleados públicos… ¿y qué? Estos mismos ignorantes, y de camino también los indignados, deberían de saber que la JMJ va a dejar tres veces más beneficios de lo que ha costado…pero claro, eso no interesa que nadie lo sepa. ¿Cuánto cuesta multiplicar las fuerzas de seguridad para controlar a los indignados? ¿Y qué beneficio dejan ellos? ¿Cuánto cuesta limpiar la “mierda” que han dejado en sus asentamientos duran días y días? ¿Cuánto han perdido los comercios mientras han estado “tirados” en Sol? ¿Cuánto se ahorra el Estado con la obra social que realiza la Iglesia año entero y que nunca sale en los telediarios? ¿Cuánto cuesta escoltar a los futbolistas de los grandes equipos u organizar un dispositivo de seguridad para un partido de alto riesgo? Pero claro, eso no interesa decirlo, sobre todo en determinados medios de prensa, porque la Iglesia para ellos, no está de moda. ¿Y se hacen llamar indignados? “Tequieiyá”.
            La cuestión es protestar por protestar. Quejarse sin saber. Manifestarse sin antes documentarse. Yo me indigno de los indignados. Para uno estar indignado, primero tiene que saber, conocer y formarse. El mundo se cambia a través de la formación y el trabajo, no acampando donde primero pillo, ensuciando el recinto, pegando voces e insultado al resto de ciudadanos que piensan diferentes. ¿Veo yo indignados porque se subvencione por las Administraciones públicas la cabalgata del orgullo gay, o porque se monte un espectáculo grandioso para recibir a un equipo de fútbol, por ejemplo? No, pero es que eso no interesa, porque eso sí está de moda. Y esos sí que son colectivos que representan a una ínfima parte de la sociedad.
            Lo que ocurre es que mofarse y burlarse de la Iglesia resulta que ahora está de moda, y encima sale barato. Porque los que sí siguen a la Iglesia saben ante todo respetar, algo que muchos no saben ni lo que es. Algo que también me sorprende es cómo aparece en todos los grupos de indignados una bandera del ogullo gay. ¿Y qué pinta eso ahí? ¿Llevo yo una bandera del orgullo rancio, del orgullo macho o del orgullo de la Cruzcampo? Si no quieren hacerse notar y diferenciarse, ¿por qué ellos mismos intentan resaltar?
            Es la diferencia entre una juventud sana y una juventud indignada. No hay más que ver cifras e imágenes. Las personas que han acudido a la llamada del Santo Padre, han sido un total de ¡! dos millones de personas!! ¿Has visto algún tipo de altercado, los has visto reírse de alguien o insultar a los demás? Por otro lado, estos que últimamente están tan indignados y que han aparecido en la JMJ serían unos doscientos, y siempre acaban aporreados por la policía. ¿Se aprecia la diferencia, verdad?
            Desde aquí abogo y defiendo a la juventud sana. Esa de la que nadie nunca habla. Esa que siempre se mantiene oculta porque no quiere protagonismo. Esa que se sigue formando para cambiar el mundo desde el respeto. Esa que piensa diferente pero respeta a los demás. Esa juventud formada por dos millones de personas que se han congregado en Madrid y han sabido convivir, respetarse y no causar altercado alguno.
            Eso sí, de todo hay en la viña del Señor. No vamos a generalizar, pues indignados habrá muy formados y respetuosos y católicos habrá que se dan porracitos en el pecho sin merecerlo.
            Y si eso lo trasladamos hacia Sevilla y el resto del año, abogo por esa juventud capillita y cofrade. Los que disfrutan con las cofradías y en las hermandades mientras hay otros ensuciando las calles y desechando sus hígados con el alcohol. Esa juventud que esnifa incienso mientras que otros desechan su nariz con sustancias que matan a esa juventud que ignora lo que hace. Juventud sana que se forma desde pequeño. Desde que tiene pocos años y de la mano de su padre con los pantalones cortos y los zapatitos va a ver la Paz por el parque en ese esplendoroso Domingo de Ramos. Ese niño que en vez de saberse la alineación del Real Madrid se sabe la nómina de hermandades del Lunes Santo. En vez de tararear la canción de los Lunnis, tararea “La Saeta”. Ese joven que prefiere un concierto de Cigarreras antes que uno de Madonna. Esa juventud, que el día de mañana si compra alguna pastilla, será de carbón para encender incienso. Esa juventud que es la cantera de la ranciedumbre sevillana, valga un poco de humor en estas líneas. Esa juventud de la que quizás algunos se rían porque va a limpiar plata o colabora con los más desfavorecidos…!pobres de los que se ríen, cuánto les queda por aprender en la vida!
           Desde estas líneas quiero dar un homenaje a los que ahora mismo está estudiando para cambiar el mundo, se están formando para, como dijo Bendicto XVI, "conocer la verdad" ahora que se es joven. Mediante la verdad y la formación, llegará más lejos que mediante los insultos y la falta de respeto. Lógicamente me reitero, en todos los colectivos hay de todo, no se puede generalizar. Lo que sí se puede afirmar que lo ocurrido en la JMJ con los indignados es vergonzoso, bochornoso y lamentable. Sin respeto no se llega a ningún sitio y menos, a cambiar el mundo. Sin respeto no se puede pedir democracia.
            No obstante, desde estas líneas, se piense como se piense, siempre se respetará las ideas de los demás por muy en desacuerdo que se esté.

1 comentario:

  1. Cuanta razón tienes Manuel en estas breves, pero muy claras líneas.

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