miércoles, 3 de agosto de 2011

"ESPERANZA NUESTRA, ELLA ES MORADA DE DIOS Y PUERTA DEL CIELO"

Espejos en que se refleja el perfil de la Esperanza en el interior de su camarín
        Hace unos días, un periodista afirmaba en la prensa, refiriéndose a nuestra Híspalis en el período estival: “Sevilla no está vacía, está sola”. Con todo mi respeto a este gran profesional, ¡qué equivocado está!
            Sevilla ni está sola, ni está vacía. Lo palpé hace unos días cuando, como si de un “armao” se tratase, crucé el arco de la Sevilla eterna. Allá por la muralla. Una antigua puerta de la ciudad que distingue dos mundos: el real y el divino, la Tierra y el cielo.
Crucé un arco y me deslumbró el brillo de los muros de un atrio que precede al más allá. Unos metros te alejan de la eternidad.
            Allí está la Esperanza, la que todo lo puede, la que nunca deja la ciudad a la que, sin duda, da nombre. La que no entiende de vacaciones, sino de devociones. Allí, al fondo, en la lejanía y tras subir unas escaleras…me encuentro con algo imposible de descifrar. No son simples espejos, es el perfil de una madre que al otro lado de esta vida tiene su reflejo. No es sólo un camarín, es algo más: es el mismo cielo, eternidad y divinidad, es abrigo de una madre, la fe hecha imagen, la gloria florecida, el sentimiento de los sueños cumplidos, el oído de todo lo que le pido, el olor a margaritas sin ser primavera y la paz sin fronteras.
            Dicen que más allá de la vida se halla el lugar de la paz infinita y tacto de terciopelo…si es así, señores, yo cada vez que acudo a Ella…en un camarín de plata encuentro el mismo cielo.
            ¿Quién puede atreverse a decir que Sevilla está sola cuando entre lágrimas de pena, tras la puerta del cielo, se encuentra la Macarena?

1 comentario:

  1. Qué emotivo y bonito, hasta me he emocionado! muchas gracias, un beso, Milagros.

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