jueves, 18 de agosto de 2011

AGOSTO MAGNO

De izda. a dcha.: Perdón de Cádiz, Oranción en el Huerto de Barbate y Soledad de Puerto Real

Parecía que no era la hora…pero lo era. Parecía que la Semana Santa ya había pasado, pero solo pasó a medias. Parecía que olía a incienso. Parecía que había bulla. Parecía que era un sueño. Parecía que estaba en Sevilla…pero estaba en Cádiz.
Era media tarde, el sol se hacía presente en la tacita de plata, aunque no con mucha intensidad. Muchas personas recorrían las calles de esta vieja y bella ciudad. Parecía que iban con prisa, caminaban apresurados, pero a la vez se les veía con mucha satisfacción. Se empiezan a ver músicos por todos lados. Algún que otro guión de banda de música también se hacía presente. Era el ecuador del mismísimo mes de Agosto. Parecía que en la ciudad ocurriría algo importante en pocas horas, pocos minutos incluso. Y así fue. El rancio, un servidor, se encontraba inmerso, casi sin darse cuenta, en un Vía Crucis Magno en pleno período estival.
Eran eso de las seis y media de aquella tarde veraniega. Cuando me di cuenta, y como de costumbre ya, me encontraba “cangrejeando” en una calle que, tal vez, fuera la primera vez que pisaba, pero cuyos adoquines, a buen seguro, volveré a pisar.  Para la mencionada jornada se había organizado un Vía Crucis Diocesano en la ciudad donde el Carnaval suele ser el primer protagonista el resto del año. Fue con motivo de la visita de Benedicto XVI que se está llevando a cabo en estos momentos en la capital de España por la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud.
Hasta un total de 15 pasos se echaron a las calles para darse cita en el esperado evento. Parecía no estar sucediendo. Cuando menos me podía esperar ver algo así, sucedió. Como si de plena Semana Grande se tratase, en la ciudad había una carrera oficial, había sillas en alquiler para presenciar el cortejo…las esquinas se inundaban de personas para ver una revirá y las colgaduras de terciopelo volvieron a salir del baúl donde en esta ocasión no llegaron a estar un año entero guardadas.
En este artículo, vamos a obviar juicios de valor sobre la procedencia o no de la organización de dicho Vía Crucis, el cual ha suscitado opiniones para todos los gustos. Solo hacer varias puntualizaciones: quizás ahora se den muchas personas cuenta de lo que suponía la JMJ y la importancia que ello conlleva; respetables son todas las opiniones, pero a buen seguro que muchos trabajadores de la hostelería sintieron un gran alivio a causa de dicho evento en medio de esta profunda crisis; mientras había cientos de jóvenes disfrutando con los quince pasos, no estaban en otros lugares tales como botellonas u otro tipo de lugares en los que, a buen seguro, aprenderían menos; por último, me hubiera gustado, que en la llamada por muchos “Ciudad de María”, aquí donde es Semana Santa el año entero, se hubiera sabido dar la importancia que tiene a lo que ahora se está produciendo en Madrid.
La nota negativa de la jornada  la puso una decisión de la alcaldesa de Cádiz, por la cual las hermandades no pudieron encender los cirios de los componentes de su cortejo, alegando la crisis económica y lo que supondría la limpieza de la cera. Algo a lo que no llego a comprender, observando cómo había cortejos que lo componían escasas cinco o seis personas; eso sí, hubo dinero para la limpieza de las barbacoas (o botellonas, mejor dicho) del Trofeo Carranza, que por ejemplo le ha costado a la ciudad la bandera azul de sus playas.
Los diversos pasos que procesionaron no eran solo de Cádiz capital, sino también de numerosas poblaciones que pertenecen a su Diócesis. Dicen que en la variedad está la riqueza. Y aquí se cumplió. Desde costaleros hasta cargadores. Desde bandas de música con misterios hasta el silencio más respetuoso, pasando por cornetas y tambores o agrupaciones. Gran variedad, pero gran riqueza. Sin duda, una oportunidad única para demostrar a todos los cofrades que la riqueza de las imágenes de culto no se concentran en un solo punto, sino que se refugian hasta en el más lejano pueblo. Sobre todos ellos hubo varios pasos que, sin dudarlo, causaron sensación, tales como el palio de orfebrería y la Virgen de la Soledad de Puerto Real (obra de La Roldana); el misterio impresionante del Cristo del Perdón, que en parte de su recorrido parecía incluso bendecir las aguas que bañan la ciudad y del que todos quedamos enamorados; o la sobrecogedora Mortaja de Algeciras a la que antecedían los dieciocho ciriales que nos recordaron mucho a la capital hispalense. Por su estilo al andar, causó una inmejorable impresión la Humildad de Chiclana, delante de cuyo paso se congregaron numerosos sevillanos, disfrutando con los aires trianeros que le perseguían y les hacían creer en ocasiones que se encontraban ante el mismísimo misterio de las Tres Caídas de Triana.
Por momentos, parecía ser el sueño de una noche de verano, pero poco a poco desperté a la realidad. Una realidad con sabor dulce y olor salado. Sabor dulce con aire cálido de una noche que se antojaba ser primavera. De unos sonidos que se antojaban en devolvernos la pasión, esa pasión que de forma fugaz y casi sin aparecer pasó allá por el mes de abril, cuando el cielo se encaprichó en quitarnos aquello a lo que tanto amamos. Olor salado de la mar, en esta ocasión no era azahar, la fragancia era la que desprendían unas aguas que formaron las lágrimas derramadas por tantos cofrades hace ahora cuatro meses.

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