domingo, 31 de julio de 2011

"LO QUE EL CIELO SE LLEVÓ..."

La Hermandad del Sol se refugió en la Catedral
      A veces los sueños se hacen realidad…otras no. Lo que sí parecía ser cierto era que cada caño, más tarde o más temprano, se cumplía el sueño anual de cada Semana Santa. Este año ha sido un sueño a medias…como si en mitad del sueño el sonido de una chicotá te despertase para no volverte a dormir. Ha sido extraño, nadie conocía algo así, era algo impensable, inimaginable, algo que nunca hubiéramos imaginado. Ha sido en cifras y en ilusiones, la peor Semana Santa de la historia, y la hemos vivido (o no vivido) nosotros.
      La Semana Grande llegaba tras una cuaresma, cuanto menos, extraña. Tan alejada en el tiempo, además de no existir azahar, los actos y cultos de las hermandades se habían repartido durante varios meses, tanto es así que había semanas casi desiertas de un rincón donde oler a incienso o escuchar a capillitas haciendo su planing para el Domingo de Ramos. Parecía vaticinarse lo que esa semana mágica este año nos tenía guardado.
      El Lunes Santo, como una terrible pesadilla, un cielo, del mismo tono que la ceniza que se nos había impuesto cuarenta días antes, “encapotó” el cielo de Sevilla. Ni el mismísimo Giraldillo se creía que no pudiese acariciar el sol con sus manos y que las campanas sobre las que se alza no hicieran vibrar a tan apreciado astro en estas fechas.
     Y la ceniza que se apoderó de Sevilla no se fue…desgraciadamente le gustó también la ciudad en primavera y no quiso marcharse para pena de todo los sevillanos. Quería oler a azahar…pero no lo olió; quería escuchar una corneta…y no la escuchó.
      En un transitar lento, más lento que el Señor de los Gitanos en Campana, las nubes color ceniza invadieron Sevilla, se apoderaron de ella, les gustó tanto que se quedaron sin ser, tal vez, conscientes de las ilusiones que rompían en su estancia. Y no fue hasta el Domingo de Resurrección cuando nuestra inesperada visitante llamada “borrasca” quiso abandonar la ciudad, tras una semana que no sabemos si fue San Pedro o el mismísimo Dios quien lloró y lloró de ver una ciudad desierta, encharcada de agua y de llantos, una ciudad derrotada tras perder la peor batalla de un cofrade: quedarse prácticamente sin su Semana Santa.
      Nuestro inapetecible visitante, nuestro cielo, se lo llevó todo a su paso. Se llevó cinco jornadas de pasión, más de una treintena de hermandades en sus templos, se llevó a la “guapa” de Sevilla, la presentación de Jesús a su pueblo, se llevó la cera que no se derramó en la calles, se llevó la exaltación de la cruz, la aparición de un ángel…Se llevó una Madrugá, se llevó a la Madre de Dios, se llevó un mar de plumas blancas, se llevó a Triana, a los Gitanos, se llevó a todo aquello que parecía invencible…Se los llevó y nos dejó sin él…nos dejó sin silencio por las calles, sin el rachear de las zapatillas, nos dejó sin puente para cruzar a la otra orilla, sin Esperanza, sin las saetas en la entrada de la Soledad, sin jóvenes de mantillas, sin olor a cera quemada, sin bullas, sin cangrejeros, sin nazarenos…Se llevó al gitano de la Caba, la expiración de Triana, a sus devotos, a la oscuridad de las calles, a la “llamá” del capataz, al crujir de las maderas de un paso de caoba…Se llevó el sonido del muñidor, a los dieciocho ciriales de la Mortaja, se llevó el reflejo de la luna llena sobre el río, se llevó el sonido de una marcha, se llevó los izquierdos, se llevó tantas cosas…Y cuando parecía que el Sol salía a nuestro encuentro un Sábado Santo, las nubes pudieron de nuevo con él, y el Sol perdió su ilusión al igual que el resto de Sevilla.
      No obstante, el sevillano y el cofrade en general sabe tomarse lo ocurrido con un poco de humor, más que nada, para evitar el culmen de la depresión e incluso llegar a intentar hacer una locura con el puñal de cualquier dolorosa. La lluvia ha podido con cosas con las que nadie puede. Ni la más extensa fumigación hubiera acabado con la masa de cangrejeros como lo ha hecho la lluvia; o “cangrejos” como los denominan los policías nacionales venidos desde fuera a nuestra ciudad. En cuanto al muñidor, no preocuparse, paisanos, que tenemos a nuestro tranvía bautizado como “La Mortaja” por el sonido de la campanita con que nos deleita cuando está apunto de pasarnos por encima. No les faltaba razón a aquellos que decían el Miércoles Santo que el Señor de los Panaderos tendría que haber entrado con la túnica despojada y el brazo elevado al estilo “Resurrección”…quién nos iba a decir que aquello sería el fin de un sueño. Tampoco se equivocaban, este año más que nunca, los que el Domingo de Ramos, o incluso el Viernes de Dolores, decíamos “esto se está acabando”…cuanta razón teníamos. Sin embargo, sé cual es vuestra mayor desolación, queridos fatigas, lo sé…pero ¿qué hubiera sido de esa Canina, esa señorita de San Gregorio, si le hubiera azotado el diluvio que cayó en Sevilla? A la pobre mía hubiera habido que tenderla en la azotea durante el resto del año, aunque mi pobrecita más que mojada parece que está disecada. Sin embargo, estaréis de acuerdo conmigo, en que hubiera sido la representación del único Superávit que hay ahora en Sevilla: el lema de la Canina es “Mors mortem superavit”. Dicen que desde el pasado Sábado Santo, la Canina ha tirado la guadaña, se ha echado las manos a la cabeza, y está “loca” por conocer las cabañuelas para el año que viene.
      Desgraciadamente hubo cosas que el cielo no se llevó: no se llevó las sillitas plegables, ni a los chinos que las venden, no se llevó a las reuniones de Tupperware en las que parecían estar algunos cuando se sentaban en el suelo a esperar una cofradía…¿puede haber cosa menos rancia que eso?...no se llevó a los canis, ni a los pasitos hacia atrás de algunos pasos, ni a los costaleros “palomos”, ni a las marchas similares a las rumbas, ni a los doscientos trípodes que se acumulan delante del paso…ni se llevó al Metropol Parasol (las setas), ni siquiera se llevó consigo a ningún político corrupto. Este año incluso hubiéramos querido haber podido ver el color ceniza, más que en el cielo, en el pelo de esa señora mayor que cada año refunfuñe “no ponerse ahí delante que llevó tres horas esperando”.
      Amigos fatigas, ha sido una semana dura para todos, una semana en la que el cielo de la ciudad que nos enamora nos ha jugado una mala pasada. Una semana en la que Ellos, nuestros titulares, no han querido salir. Lo importante es que si Ellos no vinieron a nuestro encuentro, fuimos nosotros los que acudimos a buscarlos, porque jamás los abandonaremos. Y a pesar de todo, Sevilla seguirá enamorándonos, y nosotros le seguiremos guiñando el ojo, aunque a veces, ni las mismísimas nubes quieran perderse lo que podría haber ocurrido, y este año, no ocurrió en esta bendita ciudad. Cerrar los ojos, queridos amigos, que seguro que, detrás de un arco, vemos a una morena entre margaritas darnos su mano para seguir soñando un año más.

2 comentarios:

  1. Enhorabuena ,por esta maravillosa entrada. Me has puesto los pelos de punta con este increible artículo. Esperemos que el año que viene, podámos ver en todo su explendor, escenas que desgraciadamente, la lluvia no nos ha dejado sentir esta Semana Santa, el Señor del Gran Poder a su paso por Trajano, la virgen de Montserrat a los sones de "Margot" por la plaza de Molviedro, y tantos y tantos momentos desaparecidos en la nada. Pero como siempre digo, y sirviéndome, en parte, de consuelo "Siempre quedan las Glorias".
    Un Saludo. (Alexis Fernández)

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  2. Muchas gracias amigo Alexis, qué benditas glorias...cada día van a más porque son el origen de todo...

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